- ¿Preparados para escuchar la historia sobre el poder de la familia Liang? Aquí os dejo la historia de Tara una adolescente de 17 años que con la muerte de su padre y desaparición de su madre va a descubrir que es posible que todo lo que conoce como verdad sea mentir.
Objetos usados:
Lazo naranja
- Máquina de escribir
Árbol de mandarinas
TRASFONDO
Tara Liang, es una adolescente de 17 años de complexión
delgada y de estatura media. Pasa sus días escribiendo en la máquina de
escribir en la que lo solía hacer su padre antes de fallecer. Además, ayuda a
su abuela trabajando en el huerto que tienen en la parte trasera de la casa.
Tara destaca físicamente, ya no solo por la forma de sus ojos achinados, sino
por el color de estos que a luz del sol estos se tornan de un color anaranjado
que a veces se torna hipnótico. Su pelo es liso y castaño con tonos cobrizos
que hacen un equilibrio perfecto al entorno en el que vive. En cuanto a la
vestimenta, suele llevar siempre ropa informal de calle excepto para trabajar
en el huerto, donde se pone el uniforme, aunque, a pesar de la ropa que lleve,
siempre se puede observar un lazo naranja que le dejó su madre como último
recuerdo antes de desaparecer.
Tara Liang nació en un pueblo rodeado de montañas. Vivía con
sus padres en una casa que destacaba porque se encontraba rodeada de árboles
con mandarinas. Su padre era un escritor que pasaba horas frente a la máquina
de escribir de forma apasionada. Su madre, era una mujer muy alegre y que
trabajaba en el huerto con las mandarinas para venderlas al pueblo. Los tres
vivían muy felices haciendo lo que les gustaba, sin embargo, cuando Tara tenía
14 años todo se rompió, su padre falleció de manera repentina, y su madre
desapareció tiempo después sin dejar ningún tipo de pista.
Desde entonces, Tara vive con su abuela materna, una mujer
muy agradable que le enseñó a trabajar el huerto que trabajaba su madre. Ahora
ambas cuidan de este como intento de conexión con ella, a quien no ven desde
hace 3 años.
Tara encontró refugio en la máquina de escribir de su padre.
Cada día, escribe historias que mezclan recuerdos con sueño. A veces, al
escribir de noche, siente que las palabras no provienen solo de ella, sino que
simplemente las palabras le salen de las manos como si estas se movieran solas,
pero de una manera muy extraña estas escriben cosas con sentido entre ellas,
aunque sin ningún tipo de sentido para Tara. El lazo naranja que siempre lleva
en la muñeca es su fuerza para seguir adelante, el último regalo de su madre
antes de desaparecer. A pesar de su apariencia tranquila y agradable, Tara es
una joven que sabe muy bien lo que quiere y que nada le va a impedir
conseguirlo. Ha empezado a notar detalles extraños en su entorno: páginas
escritas en la máquina con frases que no recuerda haber tecleado, mandarinas
que de repente se han podrido cuando estaban en perfecto estado, y sueños
recurrentes donde oye la voz de su madre llamándola desde algún lugar
desconocido.
MOTIVACIONES
A Tara no le encanta su vida actual aunque sabe que tiene
que seguir porque no le queda otra, ha de superar lo que ocurrió con sus
padres… o ¿no? Su abuela siempre le ha inculcado que si no está de acuerdo en
algo lo debe decir y debe ser fuerte porque lo que pasó es ya el pasado y no se
puede remediar. Pero Tara no está del todo de acuerdo, sabe que su madre no se
iría por su propia voluntad a no ser que ocurriese algo muy importante o
descubriese algo. En ese huerto ocurren cosas y de alguna manera la máquina
está conectada, ella lo sabe, así que debe averiguar que ocurre y encontrar a
su madre, que sabe que está viva, lo nota a través del lazo.
ARCO NARRATIVO
Una mañana como cualquier otra Tara se despierta en su
habitación, se pone el uniforme de trabajo y tras observar de manera curiosa y
confundida la máquina de escribir, situada en el escritorio, baja a desayunar
con su abuela. Al igual que cada mañana que pasa en el huerto con su abuela, lo
último que hace es ir al árbol de mandarinas que hay justo al final de este.
Tras hacerle todos los cuidados y revisar que todo esté bien, se da cuenta de
que las hojas del árbol se están empezando a podrir. Por la noche, cuando llega a su habitación para
acostarse, descubre nuevas palabras en la hoja de la máquina de escribir.
Empieza a fijarse en todos los escritos anteriores y observa un patrón que no
sabía que estaba en las hojas y que empieza en los relatos de su padre. Tras
investigar y descifrar los mensajes misteriosos descubre que eran mensajes hacia
su madre en los que ponía que estaba en peligro que él debía huir para no
hacerles daño. Ahora esos mensajes no se refieren a su madre sino a ella, y le
dicen que siga los pasos de su madre y que vaya tras la verdad, que todo empieza
donde finaliza lo que más vida tiene en el lugar. A la mañana siguiente se
dirige al árbol de mandarinas descubriendo la mayor parte de sus hojas y frutos
podridos y entiende que esto es lo más longevo del pueblo y recuerda lo
importante que era ese árbol para su madre, ahora entiende por qué. Así que, sin
hacer caso a las advertencias de su abuela, continúa investigando y le pregunta
a la máquina de escribir que dónde están sus padres, a lo que de repente algo sucede
con el lazo de su madre que tiene en la muñeca y un hilo deshilachado empieza a
guiarla hacia el huerto, justo al árbol de mandarinas. Tara decide tocar el
árbol, esta vez pensando en encontrar a sus padres, en encontrar la verdad y
descubre, tras una visión de su padre y de su madre junto a ese árbol, que los
dos pertenecen ahora a ese árbol y que el poder de este les consumió a ambos
por lo que por más tiempo que el árbol se pudra, sus recuerdos y almas
desaparecerán cada vez más. Acude a su abuela, quien sabía que en algún momento
llegaría ese día en el que su nieta estaría lista para dejar salir a quien de
verdad lleva dentro y le explica el origen de la familia Liang, de ese árbol al
cual están conectadas, y el poder que llevan dentro y que concretamente ella lo
tiene más fuerte de lo normal. Impactada por toda la situación y en estado de
shock, algo la hace levantarse y dirigirse al árbol, al que vuelve a tocar,
buscando dentro de ella todo ese poder que le ha contado su abuela. Los ojos se
le vuelven rojos y dejan atrás ese marrón anaranjado característicos de ella.
Agotada y después de escuchar un “te queremos” de su madre y de su padre al
unísono todo parece brillar y las mandarinas vuelven a su color natural al igual
que el resto del árbol y del huerto que poco a poco se estaban consumiendo. El
lazo se deshace y entiende que debe proteger ese árbol y a las dos almas que
residen en él, al igual que lo hizo su madre en su momento con su padre. Junto
a su abuela y más conectada que nunca con sus padres y con ella misma jura
proteger el árbol y acepta su poder interior.
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